
Un Refugio Climático para Infinito Delicias
En el verano de 2026, Infinito Delicias abre sus puertas como Refugio Climático para el barrio de Delicias y el distrito de Arganzuela. Se trata de un espacio climatizado, de acceso libre y sin programación fija, concebido como una infraestructura ciudadana: un lugar donde encontrarse, descansar, trabajar, leer, jugar o simplemente estar durante los meses más calurosos del año. La vegetación tiene un papel protagonista: el conjunto se entiende como un jardín interior donde las plantas actúan como una infraestructura viva capaz de estructurar el espacio, generar ambientes diferenciados y contribuir al confort térmico y a la calidad ambiental del refugio.
Este proyecto participativo continúa un trabajo de largo recorrido que Zuloark desde Ultrazul lleva años haciendo con Infinito Delicias. Más allá de pensar cómo es el edificio físicamente, pensamos cómo el contenido y programa del edificio pueden responder al deseo de crear una nueva forma de institución cultural que conecte con su entorno. El Refugio Climático supone así un nuevo formato de habilitar espacios en las instituciones públicas, exigiendo nuevas formas de pensar, diseñar y habitar.

La materia prima: la filosofía del reúso
El Refugio Climático se compone principalmente de una estructura modular y circular de madera a modo de asamblea. La madera de la que está hecha tiene varias vidas a sus espaldas. Primero fue material de construcción, sobrante de la propia obra del edificio de Infinito Delicias. Cuando llega el momento de diseñar el Refugio, esa reserva de madera es el punto de partida: la estructura se proyecta a partir de lo que ya existe, no al revés. Después, algunas tablas se transforman en mesas para un encuentro gastronómico. Y al final del evento, en lugar de ser desechada, se guarda para futuros usos. Así, la construcción de arquitectura se entiende como un proceso activo social y material conectado con su entorno inmediato.

Un cantiere aperto: habitar el espacio mientras se construye
En la creación del Refugio participan muchas manos. Zuloark diseña la estructura y la estrategia que permite que muchos más agentes participen en el proceso. Los estudiantes y profesorado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá construyen parte del mobiliario (el zapatero, la estantería, las mesas y la pieza central). El colectivo italiano Incolto lidera talleres de comunicación y señalética colaborativa para que el refugio exprese, con la voz del barrio, la relación de Delicias con el calor y con el espacio compartido. Y algunos vecinos y vecinas, durante el proceso, contribuyen con sus opiniones y ayudan a diseñar y construir. La idea principal es que quienes van a habitar el espacio puedan también participar en su construcción.
Plantas de vacaciones: de dónde viene el verde de Vivario
Este lugar también aspira a convertirse en un pequeño nodo de renaturalización barrial. Desde sus primeras semanas de funcionamiento cuenta con una guardería de plantas de Infinito Delicias y un sistema de producción de esquejes con el objetivo de que, al finalizar el verano, existan más plantas de las que había al comienzo.
El proyecto cuenta, además, con el apoyo del Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid y con la colaboración del Vivero de Estufas del Retiro, que aporta otra parte de la vegetación. Como ocurre con los materiales, las plantas continúan su recorrido más allá del verano, incorporándose a nuevas iniciativas vecinales de jardinería urbana.


Volver al círculo: la cuarta vida del refugio
Al final del verano, cuando el refugio cierra, la madera se almacena y las plantas se trasladan a un nuevo hogar. Los tablones de la estructura se convertirán en mobiliario para jardines vecinales del barrio de Moratalaz, y las plantas contribuirán a la renaturalización de esos mismos jardines. Se busca, una vez más, una nueva vida para todos los materiales. El círculo continúa.















